AÑO SACERDOTAL

Estamos en el Año Sacerdotal, regalado por el Papa Benedicto XVI, para "renovar espiritualmente a los sacerdotes" y, también, para que "el pueblo de Dios valore el gran servicio que el sacerdote da al mundo". Esta adopción espiritual debe permanecer en el corazón de cada uno sin comunicarlo nunca al sacerdote por el que se ora, ni tampoco a ninguna persona. Hacerlo público seria pernicioso. Es cuestión de fe en el valor inapreciable de la oración. La oración lo puede alcanzar todo.

A1 escoger un sacerdote por el que oraremos cada día por su santificación y perseverancia en su vocación haremos lo más grande que se puede hacer.

Señalo cinco temas, para la oración, para que sea una oración efectiva. Estos puntos nos pueden ayudar en una oración profunda y ferviente ante el Señor.

1. ORAR.­

"Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu. Velen en común y prosigan sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo a favor de todos los hermanos"(Ef6,18)

La oración es lo más importante en nuestra vida cristiana, tanto en la relación con Dios como con los hermanos y hermanas. El sacerdote como el obispo necesita de la oración de la comunidad cristiana. El Sacerdote es pastor, pero antes es hermano de todos. Por ello, es necesario sostener y fortificar la vida de nuestros hermanos sacerdotes orando fervientemente por ellos.

2. PARTICIPAR EN LA VIDA DE LA PARROQUIA.­

"Busquemos, pues, lo que contribuye a la paz y nos hace crecer juntos" (Rom 14, 19)

Cada parroquia tiene un pastor quien con sus fieles forman una comunidad, una familia, la familia de Dios. En una familia auténtica todos colaboran. La parroquia no es un supermercado a donde vamos a buscar lo que queremos. Es nuestra casa, la casa de los hermanos. Hay_ que recordar el dicho, "tanto vale una persona cuanto sirve, el que no vive para servir, no sirve para vivir".,

3.TENER ESPECTATIVAS RAZONABLES.

"Que entre ustedes: el amor fraterno sea verdadero cariño. En el respeto: estimen a los otros como más dignos" (Rom 12,10).

No se puede pedir todo al sacerdote. El sacerdote no es un superhombre. Es de carne y hueso. Los laicos, o sea, todos los bautizados como miembros de la familia de Dios están llamados a ser activos. Aparecida dice: "Ser discípulos misioneros". Al laico le corresponde unas acciones y al sacerdote otras. Deben trabajar juntos laicos y sacerdotes. Cada cristiano debe cuidar a sus sacerdotes, respetándolos, ayudándolos, cooperándolos. Si, cada cristiano debe ser cuidadoso y de igual manera debe hacerlo el sacerdote. No pidamos demasiado a nuestros sacerdotes.

4. PENSAR EN TODO LO QUE ES BUENO.­

"Hermanos, fijense en lo que encuentran de verdadero, noble, justo y limpio, en todo lo que es fraternal y hermoso, en todos los valores morales que merecen alabanza"
(Filp 4,8)

Casi siempre nos fijamos en lo malo de las personas, en sus defectos, limitaciones y pecados. Rara vez sabemos valorar el sacrificio de las personas. Cuántos sacrificios de los sacerdotes para llevar la Palabra de Dios, para aconsejar, para la catequesis,... si se acercan y colaboran van a ver cuánto hace el sacerdote, cuánto de bueno hay en su vida. Valoremos todo lo bueno de nuestros sacerdotes.

5. SER AGRADECIDOS.­

"La paz de Cristo reinará en sus corazones, pues para esto fueron llamados y reunidos. Finalmente, sean agradecidos" (Col 3,15)

"No salga de sus bocas ni una palabra mala, sino las palabras buenas que edifiquen cuando sea necesario y que hagan bien a los que las oigan" (Ef 4,29).

No debemos hablar mal de nadie, menos aún de los sacerdotes, como nos enseña San Francisco de Asís. El decía: "no veo en los sacerdotes, sino a aquellos que consagran y distribuyen el Cuerpo de Cristo".

Hay que manifestar a los sacerdotes nuestro agradecimiento por las cosas que hacen bien. Una confesión que nos ayudó a seguir adelante, una homilía que nos animó a ser cristianos comprometidos, las asistencias a nuestros enfermos ...No se trata de ser zalameros, sino de alentar a vivir su consagración, su servicio. Todos necesitamos en la vida una palabra de agradecimiento.

Hermanos y hermanas: estas son unas ideas para vivir el año sacerdotal, recordando el gran santo patrono de los sacerdotes, San Juan María Vianney de quien estamos recordando los 150 años de su muerte, acaecida en 185$, en Francia.

El Santo cura de Ars, en tres oportunidades experimentó la tentación de abandonar su parroquia y cada vez que su anhelo de soledad le impulsaba a dejar atrás la responsabilidad de pastor, que él juzgaba demasiado pesado, fue la llamada de su pueblo lo que lo hacía desandar el camino. "Es la voluntad de Dios", se preguntaba así mismo angustiado.

Hay que rezar y rezar mucho por los sacerdotes, para que ellos lleguen a descubrir día tras día, sin rutina, que su vocación es para el pueblo. Para que sean ministros auténticos que dan su vida sin reservas. Que están llamados a actualizar en la Iglesia la presencia de Jesucristo. Para que no se cansen en el ejercicio de su ministerio, de asombrarse que han sido constituidos ministros del Señor y de su Iglesia.

El estímulo al sacerdote se lo da su pueblo cuando lo buscan los cristianos en su condición de pastor de almas y le exigen lo mejor de su vivencia sacerdotal.

Que Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote nos conceda muchos y santos sacerdotes.

+ Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
ARZOBISPO DE SUCRE