MENSAJE AL PUEBLO DE DIOS DE LA XCII ASAMBLEA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE BOLIVIA

“Conviértanse porque ha llegado el Reino de los cielos… Preparen el camino del Señor, hagan rectas sus sendas” (Mt 3,2-3)

El comienzo del tiempo de Adviento y la Navidad que se acerca nos invitan a los Obispos, reunidos en la XCII Asamblea, a preocuparnos por lo esencial de nuestra misión: anunciar la Buena Noticia del Señor. Hacemos nuestra la voz de Juan el Bautista: “Conviértanse porque ha llegado el Reino de los cielos… Preparen el camino del Señor, hagan rectas sus sendas” (Mt 3,2-3).

Es un llamado a la conversión y al encuentro con Cristo, viviendo este tiempo de gracia con intensidad y apertura al Reino de Dios que se va construyendo en el caminar, a veces tortuoso, de nuestro pueblo. La presencia del Señor a nuestro lado es la luz que ilumina la problemática contradictoria que vivimos en nuestro país, que nos llena de esperanza y que nos llama a todos a un cambio radical de actitud.

Jóvenes “arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (Col 2,7)

La participación de miles y miles de jóvenes de todo el mundo en la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, entre los que había una numerosa delegación de Bolivia, es un signo esperanzador. Impactó su entusiasmo contagiante, sus oraciones sentidas, su compartir derribando los muros del color y de las razas, su presencia evangelizadora en todas las diócesis de España, su espíritu de sacrificio y la respuesta pacífica a las provocaciones.

Este hecho es una muestra clara de que los jóvenes de hoy, debidamente motivados y acompañados, son capaces de manifestar y testimoniar sus recursos humanos, espirituales y morales que les permiten hacer frente y vencer las tantas amenazas que se ciernen sobre ellos.

La niñez y juventud víctimas de nuestra sociedad

La Iglesia en América Latina, desde muchos años, ha hecho la opción por los jóvenes, quienes son una riqueza muy grande y, al mismo tiempo, muy vulnerable.
Mirando a nuestro país en el que la niñez y la juventud son la mayoría de la población, nos conmueve profundamente constatar que muchos de ellos sufren la soledad por la desintegración familiar o por el abandono de los padres, que dejan el hogar por el trabajo y la migración. Niñez y juventud que se convierten en víctimas de la droga, de la violencia y del alcoholismo, que los llevan al vicio, a la permisividad sexual, al aborto y al mal uso de las nuevas tecnologías como el internet.
Esta problemática, de la que son víctimas los jóvenes, debería encontrar en la educación una ayuda privilegiada, que esté impregnada de valores humanos y cristianos, y sea libre de las ideologías que atentan a la dignidad y libertad de las personas.


La familia, primera célula de la sociedad

Jesús bajó con José y María “y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos” (Lc 2,51).
La propuesta cristiana de la familia, primera y fundamental célula no sólo de la Iglesia sino de la sociedad, tiene su consistencia en el modelo de la familia de Jesús. Tristemente hoy, la familia está amenazada en su misma identidad y misión, tanto desde su interior como de factores externos. En nuestro país constatamos que en los últimos años ha ido disminuyendo la valoración del sacramento del matrimonio y aumentando el número de uniones libres, separaciones y divorcios, con graves consecuencias personales, familiares y sociales.
Como habíamos escrito en la Carta Pastoral, “Los católicos en la Bolivia de hoy…”, hay corrientes foráneas que van en contra de la familia, porque pretenden “equiparar con el matrimonio la unión de personas del mismo sexo. Es una propuesta errónea e injusta, porque el matrimonio es una institución esencialmente heterosexual… “Hombre y mujer los creó” (Gen 1, 27). Es la pareja humana, varón y mujer, la que está hecha a imagen y semejanza de Dios” (N.49).
Confirmamos, como Pastores, la sacramentalidad del matrimonio: don y proyecto de Dios. Otras modalidades de celebración y vivencia de pareja, como se han dado en estos últimos tiempos, no tienen valor para los fieles católicos y la Iglesia.

Queridas Hermanas y Hermanos, concluyo con las palabras del Papa Benedicto XVI:
“Adviento significa presencia de Dios ya comenzada, pero también tan sólo comenzada. Esto implica que el cristiano no mira solamente a lo que ya ha sido y ya ha pasado, sino también a lo que está por venir. En medio de todas las desgracias del mundo tiene la certeza de que la simiente de luz sigue creciendo oculta, hasta que un día el bien triunfará definitivamente y todo le estará sometido: el día que Cristo vuelva”.

En estos desafíos de nuestra Iglesia del Vicariato Apostólico de Ñuflo de Chávez, reconozco la presencia del mismo Señor Jesús que nació en Belem. Qué la alegría de su presencia en nuestras vidas fortalezca siempre nuestra fe y la fe de nuestros Hermanos. Unidos a la Sagrada Familia de Nazaret y entre todos nosotros, les bendigo y acompaño con mis oraciones.


Fraternalmente: +Antonio Bonifacio Reimann, OFM

Concepción, Adviento, 2011